NO MAS ANOREXIA

Padres perfeccionistas, o exigentes, o dictatoriales, o demasiado expectantes de qué dirán, habrá que ver cómo prefiere definirlos cada quien. Ellos, esos que prestan mucha atención a la apariencia física y a satisfacer las expectativas de amigos, colegas y medio de comunicación (hasta el punto de preocuparse), pueden presionar tanto como para reforzar la existencia de desórdenes de la alimentación entre los jóvenes. Y esta afirmación no surge del sentido común o de materia puramente opinable, si no de una investigación científica realizada en la Universidad Penn State, en los Estados Unidos.

El sondeo que da lugar a dicha conclusión se hizo entre 424 estudiantes de los primeros años de Universidad. Ellos mismos revelaron que es el padre y no la madre, quien suele crear presiones acerca de ser exitoso y que, a cambio, perdona y no presta atención a los hábitos alimentarios erráticos, que pueden conducir a enfermedades como la bulimia y la anorexia.

También hallamos que la comida en sí misma no es el tema central para los estudiantes que tienen desórdenes alimentarios –explica Michelle Millar-Day-. Es el perfeccionismo personal, reforzado por las expectativas manifestadas por padres y amigos, en combinación con la influencia de la publicidad, lo que hace que las personas jóvenes sientan que no controlan sus propias vidas, y tampoco sus cuerpos. Es así como el comer se transforma en un área en la cual ellos sí tienen un lugar adonde ejercer su propio control personal.

Estos hallazgos dejan en claro que el tratamiento para la mala alimentación debería abarcar no solamente a la persona enferma en sí misma, si no también a su red de relaciones personales, con un foco específico en la comunicación que se tiene con los padres. El estudio de Penn State muestra que la interacción comunicacional entre padres y chicos marcada por altos estándares paternos aumenta los desórdenes alimentarios porque se educa al adolescente en el cumplimiento de mensajes externos impuestos, acerca de lo que es ideal. "De esta forma, los adolescentes pueden hacerse más vulnerables a la imagen de los que es un cuerpo perfecto, tanto por parte de sus amigos como de los medios de comunicación”.

“La anorexia nerviosa tiene un alto índice de mortalidad: el mismo es 12 veces más alto que los porcentajes de fallecimientos de mujeres de entre 15 y 24 años, causados por otros motivos"

Los síntomas que denuncian estos trastornos Son varios los síntomas que puede mostrar el enfermo en forma prematura. Observarlos le puede brindar a una familia indicios sobre la presencia de la anorexia o la bulimia:

  • * Cocina para los demás, pero no prueba ni come lo que preparó.
  • * Colecciona recetas de cocina.
  • * Se levanta a la noche a comer.
  • * Después de comer se encierra en el baño, sin motivo aparente.
  • * Realiza regímenes alimentarios extraños y muy estrictos.
  • * Continuamente se encuentra "a dieta" auto impuesta.
  • * Tiene cólicos o diarreas frecuentes
  • * Come solo.
  • * Conoce en detalle el valor calórico y nutricional de los alimentos.
  • * Se prepara las comidas de manera muy especial (sin sal, o sin condimentos, o sin aceite).
  • * Tiene pérdidas de peso significativas aunque diga que se alimenta bien.
  • * Paulatinamente ha eliminado alimentos de su dieta, transformándola en una alimentación muy estricta y monótona.
  • * Su vida gira alrededor de la comida.
  • * Si come “mucho”, lo compensa con actividad física o algún método de purga.
  • * Pasa muchas horas, incluso días, sin comer.
  • * Los horarios habituales de comidas de la familia los ocupa con actividades para evitar sentarse a la mesa.
  • * Esconde comida o come a escondidas. Se pueden encontrar restos de comida o envoltorios o envases vacíos de alimentos en lugares no habituales.


Porque hay que tratarlas

Un tratamiento exitoso debe ser capaz de manejar los aspectos médicos, nutricionales y psicológicos, tanto de la persona como de su familia. Y un detalle importante es que, sobre todo en las primeras instancias, se limita el ejercicio físico. A medida que el estado del paciente mejora, el ejercicio controlado se vuelve un aliado.

Y el tratamiento es importante, ya que, según la Organización Mundial de la Salud, un 15% de las personas afectadas muere a causa de estas patologías. Y aún sin llegar a estos extremos, su padecimiento genera problemas de salud, problemas de conducta en el colegio, pérdida de autoestima, mala inserción social, etc, etc.

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